En la época de la barbarie se vivía de acuerdo a la ley de la serva, la ley del más fuerte. Esa situación hacía que los más débiles huyeran del más fuerte o se sometieran a un comportamiento de servidumbre. De ahí que, siglos después el hombre considera ese tiempo de salvajismo y un atraso en el desarrollo de la conciencia social y del individuo como tal; época perdida de la humanidad.
Algunas religiones antes de Cristo, se enfocaban en la ley del talión: ojo por ojo, diente por diente. A pesar de que se había avanzado un poco, pues si alguien no hacía algo malo a otro, no tenía que pasar por esa recíproca mala experiencia, aún así, no podía aplicarse justicia, pues bastaba con decir que hizo algo, para pagar con la misma consecuencia. Esto constituía un avance, pero también la necesidad de buscar una nueva expectativa.
A principio de la última década de los ochenta, leí en un periódico hondureño, la expresión: «Violencia engendra violencia,» leí con gran agrado esa declaración hecha en una carta pastoral católica, observé y medité dicho contenido, y me di cuenta que había un gran avance, en la visión del mundo. Sin embargo, la violencia ha engendrado más violencia, pues, el universo está repleto de armamentos, de actitudes y ambiciones violentas en todo sentido.
La violencia ha sido y es una mala consejera, no obstante, ha convivido todo el tiempo con el ser humano, desde que Caín mató a su hermano Abel, en el principio de la fundación del mundo. Empero, el hombre sabe que esa conducta violenta, sólo tiene una respuesta más violencia. Hay que poner en práctica las variantes que destruyen la violencia, y las sociedades no pueden alegar ignorancia, pues saben lo que se debe hacer, pero no quieren practicarlas.
Hace un poco más de dosmil años, que vino Jesucristo, quien fue víctima de la violencia del imperio romano, como producto de las presiones de los principales sacerdotes del judaísmo. Este, no enfrentó la violencia con violencia, ni pagando con la ley del talión, ni con la actitud de barbarie, mas bien, se enfocó en la paz, dejando que el hombre incitado por Satanás, le matara; pero su muerte sin pecado, y por el pecado era y es la vida.
La mejor doctrina que puede acabar con la violencia lo es el amor. Este anhela que el otro ser humano goce de un bien material, psicológico, social, espiritual, entre otros. Jesús, mostró su amor dando su vida para salvar al ser humano, de todas las inconductas que generan violencias, como son todas las injusticias, las perversidades, las contaminaciones visuales y las vanas glorias de la vida.
Las imperfecciones de las personas no deben ser explotadas ni tampoco las pobrezas porque «tarde o temprano,» se convierten en violencia: De ahí que, el cristianismo se fundamenta en la búsqueda de la perfección en el amor y la justicia, como está escrito: «Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos;» Mt. 5: 20
«Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, qué recompensa tendréis? No hacen también lo mismo los publicanos? Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, qué hacéis de más? No hacen también así los gentiles? Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.» Mt. 5:45- 48.
Las sociedades cristianas no deben prohijar la violencia como un método de avance, sino de retrasos. Cuidar la vida de animales, insectos, réptiles y sobre todo humana es deber de toda persona sensata. Dios destruyó al mundo antiguo, porque estaba lleno de pecados entre ellos la violencia, como está escrito: «Dijo, pues, Dios a Noé: He decido el fin de todo ser, porque la tierra está llena de violencia a causa de ellos; y he aquí que yo los destruiré con la tierra» Gén. 6:13.
La educación fundamentada en el amor, el respeto, la justicia y sobre todo en la fe y temor a Dios, podrá constituir el remedio a la violencia. Jesucristo enseñó y espera que lo aprendido en su palabra sea lo que guíe a todo ser humano. Vivimos hoy, luego de nosotros, otros vendrá sean hijos, nietos bisnietos, y los de los familiares, relacionados, amigos y enemigos, son todos humanos; construyamos un mejor mundo; en Cristo y sus palabras está la solución, es ahora o nunca.
















