- Ya no hay “agua de mayo”, ahora noviembre es el mes de las lluvias. Las precipitaciones ocurren de improviso, y, en pocas horas, el suelo recibe los volúmenes supuestos a recibir durante 100 o 120 días del año.
Si la naturaleza cambia; si todo lo que hemos aprendido sobre el clima en estos momentos nos sirve para poco; si nuestra estructura de gestión de descargas pluviométricas –construidas hace décadas– ahora resultan insuficientes; lo correcto sería tomar, no sólo medidas preventivas, sino también aquellas medidas correctivas que permitan ajustar la capacidad de respuesta de las estructuras operativas, institucionales, y de las infraestructuras públicas y privadas, ante los nuevos desafíos.
Así como unos filtrantes construidos en la década de los 80 serán incapaces de drenar los volúmenes de agua que caen en pocas horas en 2026, así también deberíamos realizar campañas educativas para que la gente no tire la basura a la calle, al mismo tiempo que se amplía en cantidad y capacidad la red de drenaje… por ejemplo.
Eso aplica, incluso para la institucionalidad subyacente en cada desafío que generan las lluvias en materia de movilidad y servicios públicos. Así como el COE e INDOMET tienen años mejorando la comunicación con la ciudadanía, entendida esta como pilar fundamental de una estrategia de riesgos preventiva, asimismo deberían los ministerios del Estado dominicano de actuar de manera rápida, flexible, diligente y oportuna.
No se trata de suspender la docencia, el trabajo privado o público, el transporte, etc., sino de hacerlo a tiempo, de manera que el fin que procura la medida (necesario y legítimo) no se vea obstruido por el momento en que la misma es comunicada.
Con las lluvias de ayer martes, y con una suspensión preventiva –correctamente– dispuesta por el Ministerio de Educación el lunes en la noche para zonas vulnerables de provincias en amarillo, hubo colegios que entendieron que, al no estar ubicados en “zonas vulnerables”, podían iniciar la docencia como si el cielo no se estuviera cayendo, generando problemas (y riesgos) para su personal docente y administrativo, y complicaciones (previsibles) para unos padres que tuvieron que salir a media mañana a buscar a los muchachos porque las clases (¿Adivinen?) se suspendieron (¡Fuap!).
¿Para qué sirven los avisos entonces?, ¿no es para tomar decisiones? De igual forma, el Ministerio de Trabajo hizo un llamado a los empleadores (en provincias en amarillo) para que otorgaran “facilidades necesarias” y “especial consideración” a trabajadores que viviesen en zonas vulnerables, para que pudieran retirarse a tiempo (¿cómo se garantiza eso?).
Los dos ejemplos, más que críticas, son llamados a ejercer una potestad delegada que, en tiempos de riesgo climático, debe ser ejercida sin dudas, ambigüedades e interpretaciones. Desde luego, para eso es necesario hacer un ejercicio de reflexión más amplio y abarcador que permita formular una política estatal de comunicación transversal, que tome nota la imprevisibilidad y aleatoriedad que supone el desafío del Cambio Climático.
















