En la madrugada del lunes revisé los diarios, y sus titulares golpearon: “El Banco Mundial estima que los precios subirán hasta un 23 % este año. (…) Los alimentos aumentarán un 18 % entre 2026 y 2027”. “De cada RD$100 que recaude el Estado en 2027, RD$84 ya estarán comprometidos”. Por suerte, en las efemérides encontré el adiós definitivo del profesor Juan Bosch, hace ahora 25 años.
Como era inevitable en estos casos, la nostalgia por el profesor me llevó a la poesía: “Si algún día llegaras a vivir en un país donde el honor de un hombre valga más que su dinero; donde la lealtad gane siempre la partida a la traición, y los hombres se valoren por su capacidad de servir a los demás; si llegaras a vivir (imagínalo y sonríe) en una patria agradecida, donde cada mujer sea una flor y en cada flor sonría una vida; donde sólo existan pobres de espíritu (y pocos)… entonces, recordadle. Se llamaba Juan Bosch.”
Del aniversario del adiós a Bosch, los diarios me condujeron a la cacería de supuestos delincuentes, siempre y exclusivamente pobres, por parte de la Policía en fase gendarmería de Lucifer… y volvieron los titulares: “La ofensiva policial arrecia: siete muertos en presuntos intercambios de disparos en las últimas 72 horas”. Entonces… menos mal que Abinader.
Menos mal que Abinader, entrada la mañana, volvió a hacerlo. Mostró o demostró su compromiso con la palabra empeñada y, así como se negó a modificar la Constitución para beneficiarse de ello con la repostulación, también este caso dejó de lado sus preferencias y conveniencias personales, las legítimas aspiraciones de la Iglesia Católica y de grandes nombres del derecho dominicano, para reivindicar su compromiso con la institucionalidad (tan desvencijada ella), reiterando así su buena y vieja costumbre de respetar los poderes del Estado, y poner los intereses de la democracia por encima de los suyos, salvándose de este modo de lo que ha sido una práctica recurrente de todos los presidentes que desde 1982 presidente han sido. El magistrado Justiniano Montero es el nuevo presidente de la SCJ porque reúne todas las condiciones para serlo, pero también porque es el resultado de las deliberaciones políticas entre los actores que el proceso electoral de 2024 empoderó, expresadas en el Consejo Nacional de la Magistratura. Así funcionan las democracias cuando quieren vestir pantalones largos. Menos mal que Abinader.
















