El poder en la era de las redes sociales

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En 1651, Thomas Hobbes publicó su Leviatán, una de las obras más trascendentes de la filosofía política. En ella el influyente filósofo inglés defendió la necesidad de un poder soberano fuerte, capaz de evitar que la sociedad cayera en el conflicto permanente. Ese poder era el Estado, que representaba la autoridad necesaria para garantizar la seguridad y preservar la convivencia.

Casi tres siglos después, en El poder: un nuevo análisis social, Bertrand Russell amplió esa reflexión al demostrar que el poder no reside exclusivamente en quien gobierna, sino también en quien tiene la capacidad de influir sobre las ideas, las creencias y la conducta de los demás.

Para comprender el poder en el siglo XXI es recomendable estudiar las concepciones de estos dos grandes filósofos británicos. Hobbes identificó en el Estado la máxima expresión de la autoridad y Russell advirtió que el poder adopta múltiples formas, las cuales identificó como política, económica, militar, social y la capacidad de controlar o influir en la opinión.

El impacto de la transformación digital y las redes sociales ha modificado sustancialmente la forma de conquistar, ejercer, conservar y cuestionar el poder. Son cambios tan sorprendentes que eran inimaginables para los dos grandes estudiosos del poder. En el siglo XXI el poder de influir sobre millones de personas dejó de ser un patrimonio exclusivo de los gobiernos, los partidos políticos o los grandes medios de comunicación, como en 1938, cuando Russell publicó su obra. En este tiempo, cualquier individuo con acceso a una plataforma digital puede difundir ideas, movilizar voluntades y, en determinadas circunstancias, alterar el curso de una discusión pública.

Sin embargo, la novedosa herramienta que permite denunciar abusos, fiscalizar a los gobernantes y ampliar la participacion ciudadana, es al mismo un agresivo instrumento de manipulación, desinformación y polarización.

Para Hobbes, es un escenario perturbador, en el que el Leviatán se enfrenta, desconcertado, a la existencia de poderes digitales que desafían frente a frente la autoridad institucional, influyen en la percepción de los ciudadanos y condicionan las decisiones políticas, sin haber recibido mandato democrático alguno.

Por su parte, Russell, con su advertencia, se aproximó más a las plataformas digitales, que, mediante sus algoritmos, han pasado a administrar una buena parte de la visibilidad pública.

Todo ha cambiado, incluido el ejercicio del liderazgo, producto de que la comunicación directa entre gobernantes y ciudadanos ha empujado la política a la inmediatez, la espectacularización y la tentación de gobernar pendiente de las tendencias digitales, en lugar de hacerlo atendiendo a las necesidades reales de la sociedad.

El desafío de este tiempo consiste en preservar la autoridad democrática del Estado sin desconocer la libertad que ofrecen las nuevas tecnologías. En este contexto, el poder de las redes sociales se puede estudiar desde el poder soberano de Hobbes y las distintas manifestaciones del poder estudiadas por Russell.

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