León XIV propone un ejercicio ante las prisas y el ruido diario: «Pongamos todo en modo silencio»

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El ruido se ha convertido en uno de los compañeros habituales de la vida moderna. Mensajes, teléfonos, trabajo, desplazamientos, conversaciones y preocupaciones llenan buena parte de la jornada. Frente a ese “ajetreo”, León XIV ha propuesto un ejercicio tan sencillo como exigente: detenerse durante unos minutos y hacer silencio.

“Pongamos en ‘modo silencio’ todos los ruidos de las tareas humanas para escuchar la voz melodiosa de la creación, en la que Dios, autor de todas las cosas, nos habla”, afirmó el Papa durante la Misa celebrada este 1 de septiembre en Castel Gandolfo con motivo de la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación.

La celebración tuvo lugar en el jardín de la Madonnina del Borgo Laudato si’, en los Jardines Pontificios, y sirvió además para inaugurar el llamado Tiempo de la Creación, cinco semanas dedicadas a la oración y al cuidado de la “casa común”, que concluirán el 4 de octubre, festividad de san Francisco de Asís.

Unos minutos para detener el ajetreo

León XIV quiso convertir la celebración en una invitación muy concreta que cualquiera puede incorporar a su vida diaria.

“En esta Jornada, y en los próximos días, hagamos algunos minutos de pausa del ajetreo de las actividades cotidianas para gustar la gran armonía de la que formamos parte”, pidió.

No se trata únicamente de admirar la naturaleza. Para el Pontífice, la contemplación de lo creado debe conducir necesariamente hacia su Autor.

Al comentar las lecturas de la Misa, León XIV advirtió que sería “superficial” quedarse únicamente en la belleza del fuego, el viento, el agua o las estrellas “sin elevarse al Creador de tantas maravillas”.

La creación, explicó, “nos habla de la grandeza del Creador”, siempre que el hombre sea capaz de abrir “la mirada y el corazón” al misterio.

Los lirios y las aves

El Papa recurrió también a una de las imágenes más conocidas del Evangelio: los lirios del campo y las aves del cielo. Si Dios cuida de ellos, recordó León XIV, con mayor razón permanece atento a las necesidades de cada persona.

“Si el Señor no deja de otorgar espléndida belleza y de proveer lo necesario a plantas y animales, ¡cuánto más estará atento a las exigencias de sus amados hijos e hijas!”, afirmó.

De este modo, el silencio que propone León XIV no consiste simplemente en apagar durante unos minutos el ruido exterior. Tiene un sentido espiritual: crear las condiciones necesarias para contemplar, reconocer la presencia de Dios y descubrir el lugar que cada persona ocupa en su creación.

El silencio que lleva a la conversión

El Pontífice definió esta actitud como un “ejercicio contemplativo”. De la contemplación de la creación y del encuentro con Dios, explicó, nace “la conciencia de nuestro lugar especial en el maravilloso plan de Dios”.

Pero también surge una responsabilidad.

Para León XIV, reconocer la belleza de lo creado conduce a descubrir las propias faltas y a asumir un “compromiso renovado” para restaurar las relaciones entre las criaturas conforme a la voluntad de Dios.

“No es aún demasiado tarde, y el Tiempo de la Creación nos llama a una profunda conversión”, subrayó.

El Papa recordó asimismo a Francisco y la inspiración que encontró en san Francisco de Asís para escribir en 2015 la encíclica Laudato si’. Precisamente en 2026 se conmemoran los 800 años de la muerte del santo de Asís.

León XIV evocó entonces el Cántico de las criaturas, con sus alabanzas a Dios por el sol, la luna, las estrellas, el viento, el agua, el fuego y la tierra.

“Con san Francisco queremos renovar nuestro compromiso de vivir y promover esa fraternidad universal que está inseparablemente unida al deber de cuidar la creación”, concluyó.

Una propuesta que el Papa resumió, en definitiva, en un gesto al alcance de cualquiera: parar durante unos minutos, silenciar el ruido que ocupa la jornada y volver a escuchar.

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