León XIV distingue al pastor del mercenario: 10 lecciones a los obispos de Toribio de Mogrovejo

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Con motivo de los 300 años de la canonización de Santo Toribio de Mogrovejo, el Papa León XIV se ha dirigido este sábado a los obispos de Hispanoamérica y del Caribe para conmemorar diez grandes enseñanzas y actualizarlas a modo de un decálogo que orienta la actitud de los obispos ante la Iglesia, su ministerio y comunidad.

El pontífice subraya que la carta, escrita el 8 de septiembre, no busca tanto un recorrido biográfico del que fue obispo español de Lima. Se trata más bien de un llamado a los obispos que puede leerse como un decálogo para “honrar su memoria” e “imitarlo”, deteniéndose especialmente en el modo en que vivió su ministerio.

1º Escuchar a los fieles

El pontífice comenzaba su mensaje recordando que el mismo Santo Toribio apenas conocía los pueblos y culturas que le fueron encomendados y que, para pastorearlas, debía adentrarse en aquella realidad y recorrerla. Así, se lee, “sus visitas pastorales y su preocupación por que el Evangelio pudiera ser anunciado en las lenguas locales fueron estrechando su vínculo con aquella tierra y sus gentes”.

Tras advertir de que “hay realidades de una diócesis que difícilmente alcanzan un escritorio”, el obispo animó a que “la visita pastoral conserve toda su fuerza”. “Vayamos personalmente al encuentro de nuestras comunidades, escuchemos a nuestra grey y busquemos a quienes pocas veces tienen ocasión de acercarse al obispo”, remarcó.

2º El bien de los fieles, por encima de la comodidad o el interés

Basándose en la vida del santo español, el pontífice también llamó a “volver con frecuencia a la escuela de la cruz”, recordando que el obispo debe “permanecer junto al rebaño cuando lleguen las horas difíciles”, aun cuando esto pueda “tener un precio para el propio pastor”.

Una actitud que puede llegar a diferenciar, en palabras del pontífice, al pastor del mercenario: “El abandono de la grey puede comenzar mucho antes de una huida visible, cuando la comodidad, el temor o los propios intereses pesan más que el bien de los fieles. El mercenario calcula lo que puede perder; el pastor sabe que algo de sí habrá de entregar para permanecer fiel”.

3º La santidad del pastor no puede darse por supuesta

En tercer lugar, recordó que la santidad del pastor “no puede darse por supuesta”, y que si Santo Toribio pudo pedir una vida eclesial más fiel al Evangelio es solo porque comenzó por dejarse medir por esa misma exigencia.

“Quien ha recibido el encargo de santificar sigue necesitando ser santificado; quien anuncia la misericordia vive también de ella”, remarcó el pontífice, que llamó a “cuidar la vida interior” y “conservar la conciencia de que somos discípulos necesitados de conversión”.

4º La adoración eucarística, “prioridad pastoral”

Otro de los llamados de León XIV se dirige a tomar conciencia de que “los obispos pasan”, de que Cristo permanece y de que “la Iglesia vive del señor”, lo que debe llevar a hacer de la adoración eucarística una “prioridad pastoral”.

“El amor de Toribio a la Eucaristía se manifestó en su solicitud por acercar a todos a Jesús. Ofrezcamos a nuestros fieles tiempo y espacios para permanecer ante Él y alentemos la adoración prolongada. Estoy convencido de que la santa presencia del Señor, acogida y adorada con fidelidad, sostiene lo que nuestras fuerzas no alcanzan y abre caminos que ninguna planificación podría prever”, escribe.

5º Mantener unida a la Iglesia

Deteniéndose en el beso del obispo al altar durante su recepción, el pontífice invitó a seguir el ejemplo de Santo Toribio de Mogrovejo, que “sirvió a una Iglesia inmensa y plural esforzándose por mantenerla unida”.

“También a nosotros nos corresponde velar para que la diversidad de nuestras diócesis encuentre en Cristo su unidad”, se lee. “El altar nos recuerda que la comunión pertenece al corazón mismo de nuestra misión”.

6º Transmitir la fe, no imponer la propia palabra

Otro de los aspectos que el pontífice extrajo del prelado apunta a que la enseñanza a transmitir por los pastores “no nace de una propia palabra que tenga que imponer”, sino de la misión de “guardar el buen depósito, profundizarlo y hacerlo comprensible”.

Para León XIV, la recepción del Concilio de Trento, los concilios provinciales, los sínodos diocesanos o la labor catequética del santo son una prueba y testimonio del deseo del santo por “transmitir íntegramente la fe y hacerla accesible a quienes tenía delante”. En un tiempo en el que tantas voces reclaman autoridad sobre la conciencia de los fieles, agregó, “corresponde al obispo ofrecer una enseñanza clara, paciente y arraigada en esa comunión”.

7º La casa episcopal, abierta a los sacerdotes

El pontífice abordó también la importancia de una “paternidad episcopal” que los obispos deben mostrar hacia sacerdotes y religiosos, y que se reconoce “cuando un sacerdote sabe que puede llamar con confianza a la puerta de la casa episcopal”.

“Toribio veló por su formación, fue exigente en la admisión a las órdenes, visitó a sus sacerdotes y sostuvo la disciplina eclesiástica, consciente de que la vida del clero repercute en la del pueblo. Estemos cerca de nuestros sacerdotes. Cuidemos especialmente el seminario y los primeros años de ministerio, favorezcamos una fraternidad real y procuremos que ningún presbítero sienta que sólo puede acercarse a su obispo cuando existe un problema que resolver”.

8º La oración y predicación, por encima de toda urgencia

Entre otros llamados, invitó a profesar una actitud de escucha, silencio y adoración antes de hablar, anunciar y predicar, remarcando que, si la vida de predicación de Santo Toribio era creíble, es porque “permitió que el Evangelio modelara primero su existencia”.

“Que ninguna urgencia ni tarea pastoral, por necesaria que sea, relegue la oración como antesala de la predicación. Reservemos siempre el tiempo necesario para escuchar la Palabra y preparar con esmero el modo de ofrecerla a nuestro pueblo, indicó.

9º La Santa Misa, fuente de la fecundidad episcopal

El documento apunta también que la fecundidad episcopal procede de la Santa Misa, que actualiza sacramentalmente el único sacrificio de Cristo para la salvación del mundo. En ese momento, se lee, “el obispo, como todo sacerdote, presta su voz y sus manos a Cristo, que actúa por medio de su ministerio. Aquello que celebra ha de prolongarse también en su propia vida, cada vez más unida a la ofrenda del Señor, hasta que toda su existencia llegue a ser, en Cristo, una ofrenda al Padre”.

10º La unión entre la vida y el altar

Uno de los últimos aspectos que remarca el documento es la “unión entre el altar y la vida” que se materializó en la figura de Santo Toribio, pero también en muchos otros obispos santos y beatos como Antonio María Claret, Ezequiel Moreno, Rafael Guízar y Óscar Romero, entre muchos otros.

“Su testimonio puede ayudarnos a comprender mejor la misión del obispo y reviste un interés especial para la formación de seminaristas y sacerdotes. Sus vidas muestran cómo una misma misión puede tomar formas diversas según los tiempos y las circunstancias y forman una escuela de pastores nacida de nuestra historia eclesial. Los santos siguen formando santos”; concluye.

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