¿Es el Rosario el arma que salvará a los adolescentes hijos de la sociedad del ruido y la inmediatez?

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En Occidente, las señales de inquietud entre los jóvenes son más fuertes que nunca. Los adolescentes marchan, gritan, publican en redes sociales, protestan; en definitiva, buscan sentido, identidad y propósito en sus vidas. Detrás de todo este activismo y tras todo este ruido, subyace una inquietud persistente, una ira que no se resuelve, una ansiedad que no desaparece y una agitación que parece crecer sin cesar. Esta reflexión la hace desde su amplia experiencia docente John Melnikov, profesor de religión en Secundaria, en un artículo en Catholic Exchange.

A los jóvenes se les invita en muchas ocasiones a confrontar con el mundo y a protestar ante el mundo que se les ha legado, pero se cuestiona si se les ha enseñado a encontrar la soledad. ¿Y si la respuesta a la inquietud y la angustia de los jóvenes no fuera hacerse eco de su clamor, sino contrarrestarlo con la paz de la oración susurrada? Melnikov lanza esta pregunta y apunta al Rosario como la respuesta que quizás los jóvenes de hoy necesitan.

El activismo del alma

Los adolescentes quieren luchar por algo significativo. En su corazón existe un deseo innato de buscar el la sociedad, pero este deseo en muchas ocasiones es encaminado hacia un rumbo incierto en el que no manda la quietud sino la ira o la confusión.

De este modo, los padres pueden abordar este deseo de sus hijos de encontrar sentido a la vida a través del activismo, señalando, ante todo, que el verdadero activismo nace del alma y no es solo un ejercicio externo. La introspección y el análisis honesto, junto con una ferviente súplica a la guía del Espíritu Santo, deben ser los primeros pasos que dé quien sienta el llamado a involucrarse.

Si bien el activismo cultural resulta atractivo para los jóvenes que buscan dejar su huella en el mundo, el activismo espiritual es el medio más sólido para generar un cambio positivo en sus comunidades. Este hecho debe serles transmitido por las personas más cercanas a ellos: sus padres y familiares adultos.

Y ahí el Rosario aparece como una herramienta formidable. Este profesor indica que posee un poder divino casi inimaginable. Las familias pueden enseñar a sus adolescentes a rezar el Rosario como medio para generar un cambio importante en el mundo, involucrando a la divinidad a través de la intercesión de la mujer a quien Nuestro Señor no le negaría nada.

El Rosario transforma el caos en orden y repetición. Aquieta el ruido al introducir la belleza de la oración. La resistencia de algunos adolescentes es, lamentablemente, natural, dada la naturaleza dinámica de sus vidas. Con el ritmo vertiginoso al que consumen medios e información, el arte de practicar la paciencia parece desvanecerse cada vez más rápido. La objeción más común contra la oración diaria o regular del Rosario es que resulta demasiado repetitiva y, por lo tanto, aburrida.

La importancia del entrenamiento

En su opinión, la mejor manera de combatirlo es destacando la importancia y la eficacia del entrenamiento y la práctica regulares en los deportes y las artes. Nadie ha pasado de tocar una pelota una sola vez a ganar la Champions League, ni nadie ha abierto una caja de acuarelas y visto su primera obra artística expuesta inmediatamente en el Museo del Prado.

La repetición es, por tanto, la forma en que, como especie, mejoramos en las cosas. Así aprendemos idiomas, matemáticas y muchas otras disciplinas que requieren esfuerzo individual para alcanzar la maestría. Al presentar esta verdad a los adolescentes, se les muestra que todo, incluyendo la conciencia y el compromiso social, requiere práctica. Al centrar esto en el Rosario, se introduce la idea de realizar análisis junto con el discernimiento en oración de aquello que nos interesa y en lo que participamos, y nuestra motivación para ello.

Enseñar a los adolescentes a ser auténticos consigo mismos a través de su fe en Cristo, en lugar de afiliarse a un movimiento social, es fundamental. El Rosario ofrece la oración y las meditaciones necesarias no solo para enseñar autenticidad, sino también para brindar un medio sólido y probado para la introspección. La trascendencia del amor de Dios por su pueblo y la fe inspiradora de la Virgen María se exponen maravillosamente en los misterios del Rosario. La repetición del Rosario introduce una belleza y una paz que ninguna protesta, sentada o marcha puede jamás brindar.

Como maestro y como padre asegura que los niños no adoptan enseñanzas que no ven reflejadas en el ejemplo de sus maestros o padres. Los padres y las familias no deben imponer el rezo del Rosario a sus hijos, sino invitarlos a realizar este ejercicio espiritual, y esto debe comenzar con el ejemplo de la oración y la conducta que desean que sus hijos o alumnos adopten.

El centro de la familia

Hay que empezar poco a poco. Si los adolescentes no han rezado el Rosario antes, o si hace mucho tiempo que no lo hacen, conviene empezar con misterios sueltos. Esperar que los adolescentes se entreguen de lleno a la devoción del Rosario y la adopten automáticamente solo les causará frustración.

Por último, señala que el Rosario se les puede presentar como una forma de activismo silencioso y de oración, lo que puede ser una manera poderosa de lograr que los adolescentes se involucren. Afirma que dice a sus alumnos que cuando se reúnen en la capilla de la escuela para rezar el Rosario, se unen para manifestarse contra la ira, el estrés, la confusión y la ansiedad. Si se presenta la oración como una herramienta poderosa como ciudadanos con conciencia social, les estamos dando a conocer la realidad de que son, ante todo, hombres y mujeres de Cristo que oramos y que estamos llamados a señalarlo en un mundo inquieto y violento.

La verdad es que, si queremos hijos tranquilos, se necesitan criar familias que oren. La Iglesia doméstica es la primera línea de defensa contra la seducción del secularismo y el rechazo de lo divino de los hijos. El Rosario ofrece misterios, no marchas. La Escritura ofrece verdad, no eslóganes. La oración ofrece conversación con lo divino y un llamado a la conversión, no a la exclusión y la deshumanización.

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