La oración a san José conocida por «no fallar»: así se reza durante nueve mañanas

0
4

La devoción a san José atraviesa siglos de historia cristiana. El esposo de la Virgen María, definido por los Evangelios más por sus obras que por sus palabras, ha sido invocado durante generaciones como protector de las familias, de los trabajadores, de los moribundos y de quienes atraviesan momentos de dificultad.

Entre las numerosas plegarias dedicadas al padre adoptivo de Jesús hay una que se ha hecho especialmente popular por una tradición que la presenta como una oración de gran eficacia espiritual y que recomienda rezarla durante nueve mañanas consecutivas por una intención concreta.

La oración comienza con una afirmación llena de confianza:

«Oh san José, cuya protección es tan grande, tan fuerte y tan inmediata ante el trono de Dios, a ti confío todas mis intenciones y deseos».

No se trata únicamente de pedir que desaparezcan los problemas. El centro de la plegaria está en solicitar la intercesión de san José para obtener, por medio de Jesucristo, las gracias y bendiciones espirituales que Dios quiera conceder.

Una tradición antigua

Según una tradición difundida en distintos devocionarios, esta oración sería muy antigua y llegó a vincularse incluso con el emperador Carlos V.

Algunas versiones aseguran que fue transmitida en el siglo XVI antes de una batalla y que quienes la rezaran recibirían una especial protección.

Sin embargo, más allá de las atribuciones históricas difíciles de documentar, la fuerza de esta oración se encuentra en su contenido: la confianza en la intercesión de san José y el deseo de ponerse bajo su protección.

La tradición popular recomienda rezarla durante nueve mañanas por una determinada intención.

De ahí que con el paso del tiempo haya adquirido fama como una oración «que no falla».

Conviene entender esa expresión desde la perspectiva cristiana. La oración no es una fórmula automática para conseguir exactamente aquello que se pide. Dios escucha siempre, pero su respuesta puede no coincidir con las expectativas de quien reza.

«Ayúdame, san José»

Después de confiarle sus intenciones, la oración continúa:

«Ayúdame, san José, con tu poderosa intercesión, a obtener todas las bendiciones espirituales por intercesión de tu Hijo adoptivo, Jesucristo Nuestro Señor».

La figura de san José aparece aquí como intercesor.

Los Evangelios muestran a un hombre que no pronuncia una sola palabra, pero que responde con hechos cada vez que Dios le pide algo.

Acepta a María cuando conoce su embarazo, protege a Jesús ante la amenaza de Herodes, huye con su familia a Egipto y finalmente regresa para establecerse en Nazaret.

Precisamente ese silencio obediente ha convertido a san José en uno de los grandes modelos cristianos de confianza en Dios.

Jesús dormido en sus brazos

Uno de los pasajes más bellos de esta oración utiliza una imagen profundamente familiar.

«Oh san José, yo nunca me canso de contemplarte con Jesús adormecido en tus brazos. No me atrevo a acercarme cuando Él descansa junto a tu corazón».

La plegaria invita a imaginar al Niño Jesús descansando en los brazos de José.

Y a continuación realiza una petición llena de ternura:

«Abrázale en mi nombre, besa por mí su delicado rostro y pídele que me devuelva ese beso cuando yo exhale mi último suspiro».

La oración deja entonces de centrarse en las dificultades concretas de la vida para mirar hacia el momento definitivo de la muerte.

Patrono de una buena muerte

La última invocación es muy breve:

«San José, patrono de las almas que parten, ruega por mí».

Esta devoción está relacionada con una antigua tradición cristiana que considera a san José patrono de la buena muerte.

La tradición sostiene que José murió acompañado por Jesús y María, razón por la que muchos cristianos han acudido durante siglos a su intercesión para pedir la gracia de morir reconciliados con Dios.

Así, la oración que comienza pidiendo protección para las necesidades cotidianas termina recordando al creyente la realidad última de la existencia.

La oración completa

«Oh san José, cuya protección es tan grande, tan fuerte y tan inmediata ante el trono de Dios, a ti confío todas mis intenciones y deseos.

Ayúdame, san José, con tu poderosa intercesión, a obtener todas las bendiciones espirituales por intercesión de tu Hijo adoptivo, Jesucristo Nuestro Señor, de modo que, al confiarme, aquí en la tierra, a tu poder celestial, te tribute mi agradecimiento y homenaje.

Oh san José, yo nunca me canso de contemplarte con Jesús adormecido en tus brazos. No me atrevo a acercarme cuando Él descansa junto a tu corazón. Abrázale en mi nombre, besa por mí su delicado rostro y pídele que me devuelva ese beso cuando yo exhale mi último suspiro.

San José, patrono de las almas que parten, ruega por mí. Amén».

Rezarla durante nueve mañanas

La tradición recomienda rezarla durante nueve mañanas por una intención.

Pero su sentido último no está en obtener siempre la respuesta deseada, sino en aprender precisamente aquello que caracterizó la vida de san José: confiar en Dios incluso cuando no se comprende del todo el camino que Él propone.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí