Francia ya ultima los últimos preparativos para recibir a León XIV el próximo 25 de septiembre. Entre estos últimos está «Pour que le monde ait la vie» («Para que el mundo tenga vida»), un himno pop-alabanza que Grégory Turpin y Natasha St-Pier interpretarán a dúo en Stade de France, el recinto para conciertos más grande del país, con capacidad para 90.000 asistentes; así como en Lourdes. Este himno musical todavía no está disponible para su escucha, ya que se estrenará unos días antes del viaje papal.
El título no es casual: traduce en clave de pop-alabanza el versículo de San Juan (6,51) elegido como lema de la visita. «Es un canto trinitario», explicaba Turpin al diario La Croix, dirigido «a Cristo, fuente de vida», con una invocación al Espíritu Santo de por medio.
Por otro lado, propio Turpin explicó en otra entrevista a Famille Chrétienne de dónde salió el estribillo: «He intentado adaptar el estilo de las canciones de la JMJ a nuestra cultura francesa proponiendo un estribillo sencillo y que a la vez ilustre la profundidad teológica de este tema».
Turpin lo resume como un deseo de reciprocidad: si el Papa viene al encuentro de los franceses, ellos también quieren salir a su encuentro, y el coro de voces que arropa la canción es su forma de mostrarle «una Iglesia viva y misionera».
Una canción colaborativa
La canción comenzó a gestarse nada más anunciarse el viaje, en mayo, y se terminó de perfilar cuando se conoció el lema oficial de la visita, el 26 de junio. «La composición vino bastante rápido, en una semana», contaba Turpin.
Detrás del proyecto está Bayard Musique, con el respaldo de las Obras Misionales Pontificias de Francia, a las que el propio cantante pidió apoyo desde el principio. Todos los derechos del tema irán a parar a proyectos misioneros en Francia y en el resto del mundo, según ha explicado el secretario general de las OPM, Georges Delrieu.
Tampoco es un dúo solitario: al proyecto se han sumado varios nombres de la escena cristiana francesa —Fratoun, del grupo Les Guetteurs; Vinz le Mariachi (uno de los testimonios de la película Sagrado Corazón); Martin, del grupo de alabanza Praise; Julien Dodeman, de Cathoglad; Pierre, del colectivo Christatus— que han puesto también su voz.
Dos voces que ya se conocen
Que Turpin y St-Pier acaben cantando juntos no es fruto de la casualidad. Se conocen desde 2013, cuando ambos participaron en el álbum «Thérèse, vivre d’amour», dedicado a los poemas de Santa Teresa de Lisieux.
Trece años después, la canadiense —hoy con 45 años y una carrera que arrancó con éxitos como «Tu trouveras»— ha vuelto a subirse al mismo proyecto que su viejo compañero.
(Bajo estas líneas, Natasha St-Pier canta un poema de Santa Teresita de Lisieux, Jeter des fleurs, en 2013)
Para ella, además, no será la primera vez que canta ante un Papa: lo hizo ante Benedicto XVI en la Navidad de 2013. Turpin tampoco es nuevo en esto: cantó para Francisco en 2021 durante una peregrinación de personas pobres a Asís organizada por la asociación Fratello.
Y hay un recuerdo que Turpin arrastra desde mucho antes, desde que era un adolescente: la llamada que Juan Pablo II lanzó a los jóvenes en las JMJ de París de 1997, pidiéndoles que se comprometieran. «Esas palabras me siguen alimentando hoy», ha confesado.
El propio Turpin, en una entrevista posterior a Agenzia Fides, ha reconocido que este proyecto también le ha servido de terapia personal. Atravesó un periodo de agotamiento psicológico severo, con angustia y dificultades reales para volver a los escenarios.
Hoy puede hablar sobre ello sin dramatizar ni esconderlo: «El Señor ha comenzado a sanarme de esto, pero también necesitaba esta pausa». No separa la fe del acompañamiento psicológico —»los sacerdotes no son psicólogos», recuerda con sentido común— y compara su propia trayectoria con la del Mar Rojo abriéndose ante Moisés: el obstáculo no desaparece, pero se abre paso a través de él.
(En este videoclip de 2021 Turpin versiona en francés en un tema de alabanza muy conocido de Matt Crocker, de Hillsong)
Con esa mezcla de fragilidad confesada y fe sencilla, esta canción quiere ser justo eso: una canción que no necesita un escenario perfecto ni una voz perfecta para cumplir su función. Solo necesita que, cuando León XIV llegue, media Francia católica ya se la sepa de memoria.
















