León XIV: la Iglesia no está al margen del mundo, sino llamada a transformarlo desde dentro

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El Papa León XIV dedicó este miércoles su catequesis de la audiencia general a profundizar en el cuarto capítulo de la constitución conciliar Gaudium et spes, centrando su reflexión en la misión de la Iglesia en el mundo contemporáneo.

El Pontífice subrayó que la comunidad cristiana no vive separada de la realidad humana, sino que está plenamente insertada en ella para ser signo de reconciliación, esperanza y fraternidad.

Retomando el texto aprobado durante el Concilio Vaticano II, León XIV recordó que la Iglesia no se sitúa “por encima” ni “al lado” del mundo, sino que comparte con toda la humanidad sus desafíos, sufrimientos y esperanzas. Citando a san Agustín, definió a la Iglesia como un “mundo ya reconciliado con Dios”, llamado a caminar junto a los pueblos y las culturas de cada tiempo.

El Papa explicó que, así como Cristo se encarnó para reconciliar a la humanidad con el Padre, la Iglesia permanece en medio de la historia para manifestar el proyecto de Dios de reunir a todos los hombres en una única familia. Esta presencia, añadió, implica también una responsabilidad concreta respecto a la vida social y a la construcción de relaciones más humanas y solidarias.

En este contexto, León XIV advirtió sobre algunos riesgos característicos de la sociedad actual. Señaló que la búsqueda del beneficio económico a cualquier precio y la manipulación de la información pueden empujar a las personas hacia un estilo de vida centrado exclusivamente en el consumo material. Frente a ello, recordó que el ser humano está hecho para plantearse las grandes preguntas sobre el sentido de la existencia, el amor, el sufrimiento y el destino final.

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La catequesis también destacó el papel de la Iglesia en la construcción de una sociedad más justa. Sin identificarse con proyectos políticos concretos, su contribución se expresa mediante el testimonio de la fe, la caridad y el compromiso con la justicia, la paz y la fraternidad. El Pontífice afirmó que ningún creyente puede permanecer indiferente ante la opresión de los más débiles o ante estructuras que perpetúan la pobreza y la dependencia.

Asimismo, insistió en la necesidad de que los bautizados vivan una fe coherente con su comportamiento cotidiano. Recordó que la distancia entre lo que se cree y la forma de vivir constituye uno de los errores más graves señalados por los padres conciliares.

Finalmente, León XIV dedicó una mención especial a los fieles laicos, llamados a llevar el espíritu del Evangelio a la familia, al trabajo y a todos los ámbitos de la sociedad. En su saludo a los peregrinos de lengua española, los animó a dejarse guiar por el Espíritu Santo para colaborar en la instauración del Reino de Dios y ofrecer al mundo un testimonio creíble de santidad, amor y esperanza.

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