El obispo reivindica la unidad y el «bien» sembrado por el Opus Dei en Torreciudad: «Es de Dios»

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La 47ª Romería de las Vírgenes de Ribagorza y Sobrarbe reunió este fin de semana a centenares de fieles en Torreciudad, escenario elegido por el obispo de Barbastro‑Monzón, Ángel Pérez, para lanzar un mensaje firme de comunión en torno al santuario y, de manera especial, a su relación con el Opus Dei.

En un contexto marcado por tensiones recientes entre la diócesis y la Prelatura sobre la gestión del templo, el prelado reivindicó públicamente el papel de la Obra y pidió que Torreciudad siga plenamente integrado en la vida diocesana.

Enriquecen la Iglesia

Pérez se encomendó a San Ramón, patrono de la diócesis, y a la Virgen para subrayar que «los diversos carismas no empobrecen a una Iglesia particular: la enriquecen».

Con esta frase, pronunciada ante las 40 advocaciones marianas participantes, quiso cerrar filas en torno a un santuario cuya historia reciente ha estado marcada por desencuentros. «Deseo que el Opus Dei pueda seguir desarrollando aquí su misión», afirmó, recordando que en Torreciudad «ha habido confesiones, conversiones, vocaciones y familias que han recuperado la fe».

El obispo agradeció explícitamente «todo el bien» realizado por la Prelatura durante décadas, destacando que ese fruto «es de Dios» y debe preservarse. Su intervención, cargada de matices pastorales, buscó reforzar la idea de que Torreciudad no es un enclave aislado, sino parte viva de la diócesis.

Por ello, expresó su deseo de que el santuario sea no solo punto de llegada, sino también punto de partida para que los peregrinos recorran la Ruta Mariana hacia Guayente, el Pueyo, Bruis, la Carrodilla, Pineta o la Peña.

En su discurso, Pérez evocó la «piedad sencilla» del pueblo y la devoción milenaria a Nuestra Señora de los Ángeles, insistiendo en que la Iglesia «no está llamada a arrancar esas raíces, sino a acompañarlas y hacerlas fecundas».

En este marco situó el «Proyecto Mariano», nacido para poner en valor las romerías, ermitas y tradiciones populares que muestran hasta qué punto María está arraigada en el territorio.

La romería, recordó, nació como un encuentro de fraternidad entre Aragón y Cataluña, y hoy simboliza una Iglesia «milenaria, misionera, mariana y martirial» que quiere caminar unida.

Por eso concluyó apelando a la Virgen de Torreciudad: «Enséñanos a sumar carismas, instituciones y sensibilidades. Que nadie tenga que desaparecer para que todos podamos vivir, amar y servir».

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