León XIV ha derogado el motu proprio con el que Francisco recortó en marzo de 2021 los sueldos de los cardenales y altos cargos de la Curia romana, una medida de austeridad adoptada en plena pandemia para tapar el agujero financiero de la Santa Sede.
La derogación, firmada el 14 de septiembre —el mismo día en que el Papa cumplía 71 años— y con efecto retroactivo al 1 de septiembre, devuelve el sueldo íntegro a cardenales, jefes y secretarios de dicasterio, y clero y religiosos empleados por la Santa Sede. Lo que no hace es compensar los años de aumentos por antigüedad que quedaron congelados mientras la norma estuvo en vigor.
Lo que recortó Francisco
La norma de Francisco, bautizada como «Un futuro sostenible», repartía el sacrificio en distintos grados: 10% menos para los cardenales que trabajan en la Curia, 8% para los jefes y secretarios de dicasterio, y 3% para el clero y los religiosos empleados por la Santa Sede. A eso se sumaba un recorte más silencioso pero de efecto más largo: la congelación de los aumentos que normalmente llegan cada dos años por antigüedad. El sueldo de un cardenal ronda hoy los 5.000 euros mensuales, así que el 10% suponía algo más de 500 euros al mes menos durante años.
Lo que cambia ahora (y lo que no)
En el documento, León XIV reconoce que las «medidas de contención salarial» de su predecesor «también fueron necesarias para afrontar el desafío excepcional de la pandemia», pero añade que «ahora pueden superarse», confiando en que la Santa Sede seguirá buscando su sostenibilidad económica «con diferentes instrumentos».
La letra pequeña, sin embargo, importa: el propio texto deja «definitivamente adquiridos» los efectos ya producidos mientras la ley estuvo vigente, incluida la suspensión de esos aumentos bienales. Es decir, nadie va a cobrar atrasos; se acaba el recorte que seguía corriendo, no se repone lo que ya se perdió.
No es la primera puntada que da León XIV en este asunto: ya en junio de 2025, apenas un mes después de su elección, había suavizado parcialmente la norma derogando uno de sus artículos. Lo de esta semana cierra ese capítulo de forma definitiva.
El agujero que sigue ahí
El problema que motivó el recorte en 2021 no ha desaparecido, y es más grande de lo que era entonces. La Santa Sede arrastra un déficit estructural de entre 50 y 60 millones de euros al año, y su fondo de pensiones —el que sostiene a más de 5.000 empleados y jubilados— tiene un agujero que algunas estimaciones sitúan en torno a los 1.000 millones de euros, tan serio que el propio Francisco advirtió en sus últimos meses de vida de que no sería sostenible a medio plazo.
El Vaticano ni siquiera lanzó una campaña específica para intentar cubrirlo hasta este mismo verano.
Con ese panorama de fondo, el primer Papa estadounidense de la historia ha optado por no cargar la crisis sobre los hombros de los cardenales. Preguntado el pasado septiembre por si las cuentas del Vaticano le quitaban el sueño, respondió sin dramatismo: «No pierdo el sueño por esto». Las matemáticas, su formación universitaria, de momento, siguen esperándole en el despacho.
















