En varias ocasiones en el siglo XX, el comunismo intentó crear desde cero ciudades sin Dios en Occidente, pero, como veremos con varios casos, no logró grandes éxitos.
Viene a la mente una escena de Parque Jurásico, tanto de la novela de Michael Crichton como de la película de Steven Spielberg. El científico Malcolm (Jeff Goldblum en el filme) dice que «el parque busca controlar la dispersión de formas de vida», pero «la vida se libera, la vida se expande a nuevos territorios. Quizá con dolor, quizá con peligro, pero la vida encuentra el camino».
Los dinosaurios supuestamente estériles se reproducen y se escapan por el parque.
Igual sucede con la religión: incluso en ciudades diseñadas para evitar la fe, encontró espacios. Y a veces prosperó.
Ciudades para hombres nuevos, sin Dios
Los comunistas querían crear ciudades nuevas con «hombres nuevos», comunistas, gente sin dios, a menudo deportada o traída de muy lejos. Quizá en su pueblo campesino recordaban haber visto iglesias, pero ahora les colocaban en ciudades sin ellas.
Calles sin templos, sin campanarios, sin cúpulas doradas, sin cruces en cementerios. Ya no veían iconos ni estatuas de vírgenes o santos, sino estatuas de soldados, de políticos, de guerrilleros, de obreros.
¿Los nombres de las calles? Avenida de la Electricidad, Calle Estroncio, Paseo de la Industrialización. Y plazas dedicadas a mandatarios. En el callejero de Rivas Vaciamadrid, a 15 kilómetros de Madrid, gobernada por comunistas desde 1991, al menos alternan los nombres de artistas socialistas con los de personajes de tebeos, más simpáticos.
También en nuestros días: la Melitópol ocupada
No hablamos de días muy lejanos. Con la invasión rusa de Ucrania, hemos visto el caso de manual de la ciudad ucraniana de Melitópol. Muchos de sus habitantes son hijos y nietos de obreros comunistas traídos desde Rusia en época soviética. El 24 de febrero de 2022 los rusos la conquistaron, colocaron a sus afines y enseguida le devolvieron los nombres soviéticos al callejero y quitaron los nombres cristianos.
Volvieron a llenar la ciudad de estrellas rojas. La Plaza de la Catedral de Melitópol volvió a llamarse Plaza de la Revolución. La calle de San Yaroslav el Sabio, hijo de San Vladimir, cristianizador de Rusia, volvió a dedicarse a Rosa Luxemburgo, activista marxista muerta en 1919 en un levantamiento en Berlín.
Destruir iglesias es distinto a construir sin Dios
Ocultar, destruir o confiscar iglesias es razonablemente fácil. Los comunistas del mundo entero lo han hecho durante un siglo. Lo más barato es quitar la cruz de las torres, como hace el comunismo chino en los últimos años. También se han nacionalizado edificios para dedicarles a otros usos. Es un clásico en España que comunistas y laicistas pidan expropiar la catedral-mezquita de Córdoba.
Pero no es bueno para los templos, ni siquiera artísticos, caer en manos comunistas, si nos sirve de ejemplo el precedente ruso. La catedral católica de Moscú, neogótica, fue confiscada hace un siglo y usada como almacén de verduras. Los católicos la recuperaron en 1992.
La parroquia católica moscovita de San Pedro y San Pablo, pagada con donativos de católicos polacos, fue troceada para convertirla en pisos. Lo mismo le pasó a la elegante iglesia anglicana de San Andrés.
El monasterio de las Islas Solovki, cerca del Ártico, fue reconvertido en gulag. La gran iglesia ortodoxa del Cristo Salvador en Moscú fue volada y sustituida por unas piscinas climatizadas (en el 2000 se volvió a abrir un templo enorme allí).
La iglesia ortodoxa de la Transfiguración (pórtico jónico, iconos italianos, estilo neoclásico), fue saqueada, quemados los archivos, robadas las campanas y luego usada como fábrica de gutalina, almacén y biblioteca. La Iglesia de Nuestra Señora de Kazán en San Petersburgo fue durante décadas el Museo del Ateísmo de Leningrado. Los ejemplos son innumerables.
Destruir iglesias o cerrarlas es fácil. Pero construir una ciudad nueva, sin iglesia y sin Dios, no sólo no es tan fácil, sino que no se ha conseguido en Occidente. Veamos los casos de Magnitogorsk (Rusia), Victoria (Rumanía), Nowa Huta (Polonia) y Rivas Vaciamadrid (España).
Magnitogorsk: la ciudad soviética ejemplar
Magnitogorsk nació en 1930 como una ciudad modelo producto de un plan quinquenal de Stalin. Antes sólo había unas pocas casas, un pequeño fuerte del siglo XVIII, una mina y una montaña de hierro, en los Urales, en la frontera entre la Rusia europea y la asiática. Sus diseñadores se inspiraron en Pittsburg y Gary, ciudades industriales de EEUU.
En 1937, considerada un centro tecnológico e industrial especial, se ordenó la expulsión de todos los extranjeros. Hacia 1940 tenía 150.000 habitantes. Tras la guerra, sus desplazados y su impulso industrial, en 1960 tenía ya más del doble. Hoy se estabilizó en unos 400.000 y figura en las listas de ciudades más contaminadas del mundo.
Había allí una iglesia ortodoxa antigua cerca, de madera. Fue quemada en una noche de 1932. Se acusó oficialmente a jóvenes comunistas de la asociación de los Sin Dios Militantes, aunque nadie fue castigado.
Parece que en realidad la destruyeron bolcheviques descontrolados por algún conflicto con gente del pueblo, más que por celo ateo, porque el régimen prefería confiscar antes que destruir. Había otra iglesia cerca, que fue desmantelada con cuidado, sin saqueo ni vandalismo, y su terreno anegado por el nuevo pantano.
Así, la nueva ciudad en los años 30 no tenía iglesias.
Los historiadores detallan que durante el gobierno de Stalin, el Gobierno central sólo concedió permiso para construir 3 templos ortodoxos en toda Rusia, los tres en el contexto especial de la Guerra Mundial, como gesto propagandístico hacia el pueblo. Dos de ellos estaban en Magnitogorsk. Fue en 1945, la ciudad estaba llena de desplazados y había alegría por la victoria en la guerra. Hacía 30 años que no se construían iglesias en Rusia.
Levantaron dos templos de planta basilical y tres naves. El de San Nicolás Taumaturgo era más grande, de madera y luego de piedra. San Miguel Arcángel, más pequeña, era de madera.
Las abuelitas que iban a rezar en secreto
Quince años después llegó la campaña antirreligiosa del gobierno de Jruchev en 1961. Se ordenó que se confiscara la iglesia grande y se mantuviera solo la pequeña. San Nicolás se convirtió en un local juvenil. Todos sabían que, pese a todo, aún venían las abuelas al local a rezar en secreto, así que lo cerraron al público y lo convirtieron en un almacén en 1965.
Mientras tanto, la otra iglesia, San Miguel, se llenaba de fieles, y a principios de los años 80 ya no cabían. Así, en 1982, el año que España celebraba su mundial de fútbol con la mascota Naranjito, en Magnitogorsk se dio permiso para ampliar el templo.
Parece que se dio el permiso por razones propagandísticas: Magnitogorsk era una ciudad modélica, con un aeropuerto que recibía delegaciones extranjeras a las que mostrar la ciudad soviética ideal. Querrían presumir de «libertad de culto» y les enseñaban esa iglesia, la única abierta de los Urales, la única en mil kilómetros a la redonda.

Una feligresa y su hija ante San Nicolás Taumaturgo, la iglesia ortodoxa de Magnitogorsk que fue un almacén durante décadas.
Así, la ciudad sin Dios arquetípica pasó a presumir de tener una comunidad cristiana viva. Hoy la ciudad cuenta con 3 iglesias ortodoxas y una mezquita.
Victoria, en Rumanía: los curas clandestinos
En 1948 los comunistas asumieron todo el poder en Rumanía. Al año siguiente, ya estaban intentando crear la primera ciudad completamente atea a partir de un complejo industrial químico, que al principio se llamaba Ucea Colonie y desde 1954 se llama Victoria. Se llevaron allí varios cientos de trabajadores y se dejó claro que allí ni había iglesia ni se podía mencionar a Dios.
Pero varias personas metieron a Dios en la ciudad sin Dios. Uno de ellos fue Gheorghe Albaceanu, un sencillo padre de familia ortodoxo y guardia de seguridad. Llegó a inicios de los años 50, construyó una casa y dedicó 2 de las 4 habitaciones a lugar de culto. El sacerdote ortodoxo Ion Serban acudía allí en secreto y se celebraban servicios religiosos clandestinos de noche, a los que acudían fieles a escondidas.
El alcalde acabó enterándose y ordenó a Albaceanu tirar por la ventana todo el material religioso porque, dijo, «después de todo Dios no existe». Albaceanu respondió que se lo encargara a funcionarios, que él no lo haría. Le despidieron, le pusieron una gran multa y lo expulsaron.
Albaceanu logró ir a trabajar a otro lugar, recaudó dineró, en 1968 hizo una casa de madera «para vivir», la llenó de iconos, volvió a invitar al sacerdote Serban y así abrió otra capilla clandestina. Su hijo, Nicolae, se hizo sacerdote ortodoxo y sirvió cerca de Victoria.
El alcalde acabó confesándose con el pope clandestino
A la misma ciudad llegó años después otro sacerdote ortodoxo clandestino, Cornel Codrea, al que el alcalde le dio permiso para construir una casa, pero no templo. Da igual: la casa ya sirvió de lugar de reunión y oración clandestina para fieles.
Años antes de la caída del régimen, el mismo alcalde que había dicho a Albaceanu que Dios no existe se confesó con el padre Cornel Codrea. En 1989 se inauguró la iglesia, con iconos pintados por una religiosa a lo largo de los años 80.
Ingeniero, padre de familia numerosa… y cura grecocatólico a escondidas
El otro evangelizador de Victoria, la ciudad rumana sin Dios, fue el ingeniero químico, sacerdote grecocatólico y padre de familia numerosa Octavian Moisin (1914-2013). Lo enviaron allí en 1952 como uno de los principales ingenieros químicos, y veterano de la guerra en Rusia, sin saber que era sacerdote.
Lo habían ordenado la semana después de que la Iglesia grecocatólica fuera ilegalizada. Él se lo había prometido a la Virgen pocos años antes, en 1942, escapando de milagro de la muerte en el frente contra los soviéticos.

Octavian Moisin, cura clandestino grecocatólico, padre de siete hijos, sobrevivió al frente ruso, la persecución, una fábrica tóxica y vivió 99 años
Una vez en Victoria, el ingeniero Moisin empezó a celebrar misa y dar catequesis clandestina en su piso. Acudían católicos de rito latino, de rito bizantino y ortodoxos.
Hasta 1954 controlaban la fábrica unos directores rusos, que no estaban muy apasionados por reprimir la religión y sólo querían que la industria funcionara bien. Pero ese año el control pasó a rumanos, comunistas exaltados. Detuvieron al padre Octavian, pero en vez de encarcelarlo le mandaron a trabajos forzados con productos químicos peligrosos en otra ciudad, de 1954 a 1959.
En 1960, Octavian volvió a Victoria con su esposa y sus siete hijos. Tenía un doctorado y trabajaba en tareas sencillas. Le impedían investigar y hacer ciencia. Pero celebró cientos y cientos de misas. ¡Era difícil mantener una familia numerosa casi sin ingresos!
Cuando quisieron volver a castigarlo, se mostró desafiante: «Si hago algo mal, la tarea de usted es guiarme y mostrarme en qué me equivoco», les dijo. A veces le salvó su audacia y otras su astucia. Reconocía agentes de paisano y escapaba por otra salida.
Una vez pareció salvarse de milagro: los guardias que registraban su casa, como aturdidos misteriosamente, no entraron en la sala de los iconos y vestimentas.
Pese a su exposición a productos químicos peligrosos, murió con 99 años y con fuerza en su vejez, viendo a Rumanía como un país de vigorosa fe cristiana y nombrado prelado papal por Juan Pablo II. Tras la caída del comunismo fue muy activo, e impulsó un movimiento provida. Con 98 años pudo aún celebrar misa en Tierra Santa. (Más sobre Moisin en este reportaje en rumano en MonitorFG.ro).
Uno de sus siete hijos fue senador, Ioan Moisin, de un partido campesino democristiano, que intentó leyes provida y de rendición de cuentas de los antiguos servicios de represión de la dictadura (la Securitate), sin éxito.
Hoy, en Victoria, la antigua ciudad sin Dios, viven 9.000 personas, que acuden a 3 iglesias ortodoxas, dos capillas grecocatólicas, una iglesia pentecostal y otra adventista. El Nombre de Cristo es amado e invocado por muchos.
Nowa Huta: obreros en las calles pidiendo una iglesia
La historia de Nowa Huta, en Cracovia (Polonia), es más famosa porque va ligada a Juan Pablo II, que fue su obispo auxiliar desde los 38 años (de 1958 a 1964) y su arzobispo titular hasta los 58 años, cuando es elegido Pontífice en 1978.
Cracovia, ciudad ligada a los antiguos reyes polacos, era tradicional y católica. Las autoridades comunistas decidieron construir todo un nuevo distrito al estilo soviético, un gran complejo metalúrgico y atraer obreros de todo el país. La localización no era buena para la industria: el metal estaba lejos, las comunicaciones no eran adecuadas, pero el objetivo era ideológico: «proletarizar» el lugar.
El cardenal Stanislaw Dziwisz, mano derecha de Juan Pablo II, en su libro Testimonio lo explicó así: «Se iba a construir una ciudad sin Dios, en la que desde el primer momento los planos no incluían construir una iglesia. Sin embargo, la gente que venía de pueblos cercanos, especialmente de la zona de Tarnow, creían profundamente y ansiaban la presencia de Dios».
El arzobispado pidió poder construir un templo, y las autoridades civiles se negaron. Hubo un tira y afloja durante veinte años.
«Ya había una capilla en Bieńczyce. Allí, tras repetidas negativas a la petición de construir la iglesia, la gente levantó una cruz muy alta. Las autoridades lo consideraron una provocación, un reto, como si ese símbolo fuera el primer paso para derrocar el sistema. Retiraron la cruz. Los católicos respondieron inmediatamente. Hubo choques feroces con la policía. Hubo víctimas, heridos y muchos arrestos. Hoy podemos decir que fue la primera confrontación entre creyentes y comunistas en una ciudad socialista«, detalla Dziwisz. Los incidentes callejeros duraron 3 días.
Nowa Huta, un distrito de clase obrera, se oponía al poder estatal diciendo: «Tenemos derecho a la libertad de conciencia, tenemos derecho a la libertad de religión».
- En la segunda mitad de la película De Un País Lejano (de 1981, del director polaco Krysztof Zanussi) recogen toda la historia de Nowa Huta y el papel de Karol Wojtyla y las distintas generaciones implicadas.
Pedir reuniones sin cesar con la autoridad comunista
El arzobispo Baziak estaba enfermo, y su ayudante, el joven Wojtyla, tomaba sus propias decisiones, intentando evitar que el conflicto empeorase. Insistió en pedir más y más reuniones con las autoridades, sin rendirse.
Finalmente, los políticos aceptaron una iglesia en Nowa Huta, con tal que fuera en un lugar distinto al de la simbólica cruz, y la Iglesia aceptó.
Wojtyla ya era arzobispo, visitaba las obras y en la Nochebuena de 1973 celebró misa allí, con el frío, la nieve y bajo el cielo abierto, y una multitud ilusionada. La gente entendió que el pueblo podía actuar superando el miedo y que el partido y los políticos no tenían un poder absoluto.
En 1977, ya cardenal, Wojtyla consagró la iglesia. Se le llama Arka Pana (el Arca del Señor) y también Nuestra Señora Reina de Polonia. En 1979, siendo Papa, visitó la Polonia comunista, y varias veces se refirió al templo y sus tenaces parroquianos.
En junio de 1983 volvió a Polonia y un titular en The New York Times anunció: «La ciudad sin Dios polaca consigue su sexta iglesia». Era Juan Pablo II, visitando el lugar, quien la consagraba. Otras tres estaban en construcción.
Una Virgen hecha con balas y una piedra de la luna
Arka Pana es una iglesia joven llena de historia en un barrio obrero de estilo soviético. En ella caben 6.000 personas y su cruz tiene un mástil de 70 metros. Siete puertas se abren en ella, y siete escalones suben a su altar.
En el tabernáculo hay una piedra de la Luna que los astronautas de la Apolo 11 dieron al Papa. En la cripta, hay una pequeña figura de la Virgen hecha con balas extraídas de soldados polacos heridos en la batalla de Monte Cassino, en Italia, en la Segunda Guerra Mundial.
Polonia, desde los años 70 al 2000 se lanzó a construir numerosas iglesias de arquitectura novedosa y futurista.
Rivas Vacíamadrid: ¿la ciudad más laicista de España?
Rivas, a 15 km de Madrid, en 1980 tenía 500 vecinos, y en 2025 más de cien mil. Es un caso de crecimiento único en Europa. Además, es la única ciudad española de cierto tamaño gobernada siempre por comunistas (socialistas de 1987 a 1991, luego siempre Izquierda Unida). Un barrio entero lo impulsó una cooperativa de Comisiones Obreras y el Partido Comunista de España. Otro distrito (llamado Pablo Iglesias), la UGT y el PSOE.
No es una administración amigable con la fe. En 2007, por ejemplo, fue el primer municipio de Madrid en impulsar los llamados «bautizos civiles» de bebés (oficialmente «acogimientos civiles»).
En 1959 se construyó allí la parroquia de San Marcos, impulsando la reconstrucción del pueblo tras la guerra. Hubo una ampliación de ese templo en 2007, pero queda pequeño y lejos para la mayor parte de los pobladores en barrios nuevos. En 1995 católicos de otras zonas de Rivas empezaron a celebrar en los bajos de un centro comercial. En 2003, tras varias trabas, en un terreno cedido por la familia Corsini, empezó la construcción de la novedosa parroquia de Santa Mónica.
La diócesis de Alcalá era pobre, creada doce años antes. Pero sin mucho dinero surgió una edificio peculiar y muy premiado, y con obras de arte contemporáneo en su interior, un templo que vale la pena conocer y con mucha vida espiritual.

Exterior de la parroquia de Santa Mónica de Rivas

Luminoso interior de Santa Mónica de Rivas, por dentro
Santa Mónica de Rivas, un templo muy especial
Sobre su presbiterio prístino, la luz entra por 7 espacios (símbolos del Espíritu Santo) enmarcados en pan de oro. El espectador externo ve óxido y metal en las paredes, pero una vez dentro le asombra la luz y claridad. En la nave, los feligreses contemplan dos esculturas muy especiales, de dos metros de alto, de resina, pero como hechas de papel, de aspecto flotante, de la Virgen en la Asunción, y de Santa Mónica llorando por su hijo Agustín. El templo alberga en su capilla e interiores otras obras de arte moderno que vale la pena visitar.
- Reportaje de La 2 de 2020 sobre arquitectura religiosa moderna en España, a partir del minuto 2:47s nos muestran Santa Mónica de Rivas
En Santa Mónica celebran su primera comunión cientos de niños cada año. Durante mucho tiempo, al menos de 2007 a 2014, el ayuntamiento y otras fuerzas dificultaron que Rivas contara con una escuela católica con todo tipo de trabas. En 2014 abundaron las pintadas anticatólicas, cada semana, en las paredes de la parroquia, como recogieron la Gaceta y ReL.
Pero el colegio Santa Mónica, de la Fundación Arenales con implicación de la parroquia, abrió definitivamente sus puertas en 2014, con gran demanda entre las familias. Es otro hito de libertad en la ciudad más laicista de España. La fe se abre camino, como la vida.
- (Una versión más breve de este artículo se publicó en la revista La Antorcha, de la ACdP, en mayo de 2024).
















